Está nublado, abordo el metro, busco mis audífonos dentro
de mi mochila recordando que los dejé sobre la mesa. Me siento en el suelo y
comienzo a observar a estos seres completamente distintos, aunque con un factor
en común: seriedad. Intento averiguar más cuando una risa enriquecedora me
distrae al igual que a los demás pasajeros. Fijamos la mirada en una pequeña
vestida de huasa, al instante todos sonreímos, fue cuando encontré el verdadero
factor común: todos hacíamos y éramos algo por el futuro, por los nuestros, por
esa huasita encantadora. Descendí para encontrarme con una Alameda llena de
sueños.
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